“Los medios no hacen sino reproducir los criterios de género imperantes en la cultura”

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Ana María Stuven, es historiadora de la Pontificia Universidad de Católica, máster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Stanford y Ph.D. en Historia de la misma universidad. Es académica de la Universidad Diego Portales y de la Pontificia Universidad Católica. Es también miembro del comité asesor de la Cátedra y habla aquí de su perspectiva sobre la representación de género en los medios.

¿Cuál es su mirada sobre la representación de las mujeres en los medios (chilenos o internacionales)?

Me parece que los medios no hacen sino reproducir los criterios de género imperantes en la cultura no solo chilena sino mundial. En el caso chileno continúa predominando una visión muy machista y, en el caso de la TV, especialmente muy sexista.  Muchos medios consideran que deben satisfacer las demandas de una cultura de masas para la cual la mujer es, en muchos casos, asociada  sus roles domésticos o de animadora, para lo cual su belleza física es lo que más se valora. Creo que hay ejemplos muy buenos de valoración de la figura femenina en el periodismo actualmente, lo que augura mejores tiempos.

¿Qué hitos o personajes de la historia (de Chile o del mundo) han hecho que cambie la representación de las mujeres? Creo que el surgimiento del feminismo, primero de lucha por los derechos civiles y luego políticos, especialmente desde la 2a. Guerra mundial fue muy importante para poner a la mujer en el centro del debate publico. Hubo organizaciones pioneras en los Estados Unidos de la década de 1920 que acogieron a mujeres latinoamericanas y les dieron un lugar en la lucha por los derechos de la mujer. Influyeron también en Chile, pues figuras como Amanda Labarca pudieron viajar y conocer las estrategias que implementaban afuera. Por supuesto antes de ellas hubo “golondrinas que no hicieron verano” como Olympia de Gouges, con su Declaración de Derechos de la Mujer y que terminó guillotinada por la Revolución Francesa, Mary Wollestonecraft en Inglaterra o Virginia Wolff con su Cuarto Propio. En Chile, Martina Barros tradujo La Esclavitud de la Mujer de John Stuart Mill y cuenta en sus Memorias que sus amigas quisieron excomulgarla por ello. La misma Amanda Labarca es un ejemplo de lucha por los derechos de la mujer y de valentía para denunciar las inconsistentes e hipocresías de la sociedad chilena de su época.

¿Qué piensa de que aún exista una gran brecha de género en la representación en los medios, en los altos cargos, en los salarios, en ser las voces autorizadas?

Me parece que es consecuencia natural de la dificultad que han tenido las mujeres para ingresar a la esfera pública y también al ámbito del trabajo. Ha debido vencer muchas resistencias y esas aún están presentes en la sociedad chilena.

¿Qué opina de que la cátedra esté abriendo un espacio de análisis y debata sobre la representación de género en los medios?

Creo que esta cátedra es fundamental para reivindicar el concepto de género y desvirtuar los malos entendidos que se han generado sobre el mismo. El género no es un concepto que pretenda eliminar la diferencia sexual ni desconocer las diferencias entre ellos.  Como dice Joan Scott,  el género es una “categoría útil de análisis histórico”, en la medida en que permite auscultar las construcciones culturales que han estereotipado las diferencias entre los sexos más allá de sus diferencias biológicas. En la medida que se tome consciencia de esas categorías la sociedad podrá reflexionar y eliminar aquellas que no constituyen diferencias sexuales sino solo culturales y discriminatorias.